Maestra jubilada Altagracia Delgadillo: “Con 35 años de servicio, siento que puedo dar mucho más”.

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    SANTO DOMINGO.- Oriunda del municipio Loma de Cabrera, provincia Dajabón, inició la labor docente en 1978 en la escuela La Ceiba, ubicada en la comunidad con el mismo nombre.

    Recuerda que trabajó cinco años gratis, pero su vocación no la dejó desmayar. Allí impartía primer y segundo grados de primaria.

     “Ser maestro es uno ser discípulo de Dios, porque trabajar con niños es lo más hermoso que hay, y yo adoro a mis niños… es tener vocación propia, un maestro no debe estar perdiendo tiempo, el maestro es sagrado, porque es entregarse por sí mismo al bienestar de los niños”, expresa.

    Trabajó en ese centro escolar durante 17 años. Rememora que sus primeros años no fueron halagüeños, pero su amor por enseñar, vencía cualquier obstáculo.

    “Me inicié en una escuela básica, impartía docencia debajo de una mata de mango, porque la escuelita era demasiado pequeña y carente de mobiliario, me esforcé mucho, la comunidad me ayudó bastante y luego llevé esa escuelita hasta quinto grado”, comenta.

    Confiesa que iba casa por casa a buscar los niños. Se exponía a cruzar arroyos si era necesario para ayudarlos y para que recibieran el pan de la enseñanza. Eran niños que pertenecían a hogares muy pobres de la comunidad.

    En 1997, la maestra Delgadillo, como suelen llamarse sus alumnos, se trasladó al Distrito Nacional y empezó a trabajar en la escuela República de Chile, en San Carlos, donde ejerció el magisterio por 18 años. También en primer y segundo grados de primaria, donde impartía las materias de lectoescritura, matemáticas, y Lengua Española.

    Confiesa que los más pequeños han sido siempre su debilidad, y su fuerte la alfabetización.

    En los últimos años fue maestra de tanda extendida, y recuerda con nostalgia que luego del almuerzo les cantaba a los infantes canciones de cuna, y así lograba que durmieran sus siestas.

    Jubilación.

    Altagracia Yudelka fue jubilada en 2014 mediante el decreto 15-44. Define ese momento como muy doloroso, porque se estaba despidiendo de las aulas y de los alumnos.

    Sentada en la sala de su casa, en el sector Villa Francisca, cuenta con mucha nostalgia que cuando se despidió de sus alumnos, acompañada por un nietecito, los niños le agarraron por la falda pidiéndole que no se marchara. Al siguiente le envió una funda de bolones.

    Pero, con la jubilación no terminó su vida, ni su labor docente. A sus 61 años, luego de jubilada en el sector público, sigue en las aulas de la Universidad Evangélica Nacional donde tiene 14 años ininterrumpidos.

    Actualmente, tiene diez niños bajo su responsabilidad en el proceso de alfabetización, y es voluntaria del Plan Nacional Quisqueya Aprende Contigo; alfabetizando adultos.

    Exhorta a los profesores cuando reciben su jubilación a no desmayar y a dedicarse a otras tareas productivas.

    “Que echen pa´ lante y que traten de desenvolverse, que busquen trabajo, claro, si tienen ánimo, tú sabes que hay muchos maestros que salen enfermos”. Yo les exhorto a esos maestros que hagan lo mismo que yo hago, yo canto, yo le río al mundo”, sostuvo.

    Cuenta que su vida cambió luego de recibir el Plan de Retiro Complementario, y asegura que se siente agradecida porque recibió un dinero que no tenía, el cual utilizará para comprarle un apartamento a sus hijos. “siempre le pedí a Dios que me diera la oportunidad de no cerrar los ojos sin darle un techo a digno a mis hijos”, manifestó.

    Asegura que se siente muy agradecida del Instituto Nacional de Bienestar Magisterial (Inabima), y de su director, Yuri Rodríguez Santos.

    “Yuri Rodríguez es un director muy transparente, yo les exhorto a los maestros que tengan calma, que tengan paciencia como yo esperé, para recibir ese dinerito, y que no se desesperen que ese dinero les va a llegar a sus manos”, concluyó.

    Departamento de Comunicaciones

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